domingo, junio 06, 2010

Los ¿comediantes? de la noche

Sábados infelices lleva como cuarenta años contando los mismos chistes agropecuarios, haciendo el mismo humor rural, ramplón y clasista. Chistes basados en la burla a las minorías y a los mas pobres. Chistes efectistas de exageración y caricatura de los rasgos sociales: los indigentes hablan así, las esposas se mueven así, las suegras golpean así, los negros bailan así, los paisas son avispados, los santandereanos agresivos, los opitas perezosos y los pastusos brutos. La empleada doméstica es la amante, el obrero es un seductor chabacano y los defectos físicos son risibles. Y en toda esa simpleza peyorativa el programa mantiene una gran audiencia en varios segmentos del raiting.


Pero ahora les llegó la competencia ¡Que se agarren duro Mandíbula, el campesino gomelo y los trovadores de cuyes porque llegaron “Los comediantes de la noche” a hacer el relevo generacional del malhumor colombiano!.



Así como Carlos Vives encontró una veta sin darse cuenta que detrás del él venía una manada de mediocres que lo fotocopiaron hasta desteñirse y desaparecer, detrás de Andrés López llegó una camada de fotocopias mal logradas de la pelota de letras. Los tales comediantes de la noche creyeron encontrar en el formato gringo del stand up comedy, una posibilidad para hilvanar chistes y ganarse fácilmente la platica en una tajada del mercado de las artes escénicas, el espectáculo y el entretenimiento.

Algunos “comediantes” ya eran “actores” reconocidos en la farándula nacional y otros habían hecho curso en el perratiado circuito de la cuentería universitaria o en la locución radial, es decir en el chiste flojo de pretensión urbana.

El “humor” de los “comediantes” de la noche gira en torno a cuatro elementos que se desgastan en la primera vuelta:

El mundo urbano: se exageran anécdotas de la ciudad, en el taxi, en la buseta, en rock al parque. Y de ahí salen caricaturizaciones absurdas de personajes citadinos que ellos supone son chistosos.

La sexualidad: las relaciones afectivas y el sexo son narrados desde el fracaso. La impotencia, la infidelidad y la imposibilidad de establecer relaciones afectivas duraderas es el origen del chiste. Y no puede faltar el paralelo entre hombre y mujer para decir que ellas pueden pensar en varias cosas simultáneamente, mientras ellos solo pueden pensar en una sola cosa, copiando los simplismos de Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus.

La cultura mediática: se “analizan” y critican los discursos de los medios masivos de comunicación. Se hacen versionas de cine “a la colombiana”, se burlan de los chichés de Hollywood pero al tiempo los presentan como el modelo a seguir.

La burla arribista a lo popular: las expresiones de la cultura popular, la música, el deporte y la forma de hablar de los sectores económicamente marginados son objeto de la burla simplona.

Alguien les debe avisar que si el Parcero del popular número ocho investiga en la comuna y hace un espectáculo escénico en parlache, alcanza la poesía; en cambio si un grupo de “niños bien” de Bogotá hablan como en La vendedora de rosas, simplemente son ridículos.

Ahí está Isabela Santodomingo mostrando su arribismo, sus fracasos afectivos y sus vacíos sentimentales como estrategia para hacer reír, pero uno no saber si reír o sentir pesar de alguien que habla contando apartes de su libro autobiográfico titulado “Los caballeros las prefieren brutas”, la experiencia habla.

Y ahí está Antonio Sanint (¿Se lo repito?) burlándose de la forma como “los pobres” juegan microfútbol, pero ya es hora de que alguien le diga que imitar a una persona con retardo mental o parálisis cerebral, no es la forma de decir que él parece “bobo” frente a una mujer bonita, ni es chistoso. Burlarse de las enfermedades o defectos físicos de los demás no es cómico sino ofensivo.

Y para rematar, ahí está Alejandra Azcárate acariciándose el cabello como maniática y promoviendo su anorexia, diciendo que al despedirse los músculos de su brazo de mueven de forma horrible y que por eso se despide sin mover el brazo y usa el salero manteniendo el codo pegado a la costilla, porque según ella el cuerpo femenino con la flacidez y movimientos naturales es horrible y se debe negar, pero paradójicamente se debe afirmar la autodeterminación de la sexualidad femenina.

Por ejemplo cuenta cómo se administra a un amante por celular o cómo “se lo da sin gana” al esposo que amanece enguayabado y con “parola” y hace el movimiento de cadera, los jadeos y gestos tan ridículamente evidentes que demuestra toda su falta de creatividad. Solo le falta decir que le echa saliva para que se lo metan, en síntesis, una narración sin imaginación, vulgar y ramplona que ni siquiera sería digna de sábados infelices.



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